LO BONITO QUE ME DEJÓ ODIAR MI CUERPO + 20 TESTIMONIOS

LO BONITO QUE ME DEJÓ ODIAR MI CUERPO + 20 TESTIMONIOS

Tenía apenas 5 años cuando una tarde cualquiera jugando en el parque comencé a identificarme con el adjetivo “gorda” porque me sorprendí comparando mi cuerpo con el de mis amigas. ¡Adiós, busca-busca! ¡Tengo que comenzar mis jalones mentales comparandome con otras niñas desde ya! Y debido a la influencia de ciertos factores externos (que probablemente mencionaré más abajo), a los 5 años ya creía que gorda era sinónimo de dañada, fea, rechazada. Pensaba que había algo malo conmigo y por lo tanto, ese algo tenía que ser cambiado para entonces poder ser aceptada y feliz.

Mantuve esa mentalidad hasta los 25 años y por supuesto, en ese intermedio de 20 años el 70% del tiempo lo pasé preocupándome enfermizamente por mi peso y mi aspecto físico. El otro 30% estuvo enfocado en conseguir doble dulcero en la fiesta de Marifer, en arrasar con los mazapanes de almendra en la boda de mi tía y en robarme del centro de la mesa el plato de codzitos en Eladio’s. Sobrará decir que debido a la energía invertida en no gustarme y robar dulceros, cultivé muy pocas áreas mucho más relevantes de mí misma durante ese período, y aunque no hay nada que hacer para cambiar el pasado, y porque me encanta desenterrar pepitas de oro en montañas de m*erda, hoy traigo para ti algunas ideas-joyas que salvé de esa pila de popó. En otras palabras: lo bonito que me dejó odiar mi cuerpo.

COMPRENSIÓN Y EMPATÍA. No, no creo que sea de mujeres ‘huecas’ obsesionarse tanto con los ‘defectos’ físicos, las tallas y la supuesta perfección. Consideraría que es una “pérdida” de tiempo inconsciente. Pero entiendo. Entiendo cómo es sentir que el mundo se te cae porque holy shit ya no me queda la talla 8 Diosito llévame ya malditos nachos (veganos) con guacamole voy a mandarle DM a Zazil para que me pase una dieta; ahora sé que el mundo no se cae realmente, pero la neurosis que esta obsesión genera sí es bastante real en la mente de millones de mujeres. El entorno no deja de reafirmarnos que siempre hay algo por cambiar de nosotras para ser bonitas. Comprendo y empatizo, y puedo extender ambas cualidades a algunas otras partes de mi vida. Es curioso, pero si no hubiera llorado en varios probadores por años, hoy no podría reconocer la importancia de practicar y hablar sobre body positivity, amor propio y autocuidado.

UN PROPÓSITO. Para hacer este punto más entretenido (en mi mente es entretenido), compartiré dos recuerdos muy bien grabados en mi memoria. El primero se remonta a mi último año de preparatoria. Durante la clase de orientación vocacional nos agruparon según nuestra carrera de mayor interés, o si no tenías la más mínima idea de qué hacer con tu vida, te ibas a la esquina con las indecisas. Adivinaron en qué grupo estaba yo. Dos o tres compañeras no dijeron mucho (o al chile no recuerdo tan bien como creía); una de ellas nos contó que le encantaba construir cosas y que quería hacer carpintería, otra más estaba como entre tres carreras que satisfacían los deseos frustrados de sus papás y cuando nos dimos cuenta ya estábamos riendo y compartiendo sueños guajiros. Ahí entra Zazil. “Pues la verdad, a mí me encantaría ser algo así como conejita de Playboy”. Silencio abismal. “Bueno, pues, si en verdad le echas muchas, MUCHAS ganas… igual y la armas”. Una de las razones por las que creo que quería “exponer” mi cuerpo en calzones (qué decente para Playboy), es que me parecía algo inconcebible para una mujer con mis características físicas hacer algo así y me atraía la idea de romper con esos estándares. Eso, y que a mis 17 años en serio quería llamar la atención de cualquier manera. La cosa es que sentía un extraño llamado a exponerme. Vocación, vaya. Las monjas would be so proud.

El otro recuerdo (y este va resumido) soy yo echada en el suelo hace unos dos años ya hasta la m*dre de dietas, ejercicio, botes de proteína y mi cuerpo eternamente “gordo” gracias a mi incontrolable ‘adicción’ por la comida. En serio me sentía cansada y harta de creer que no podía tener control sobre mi cuerpo a pesar de que otras partes de mi vida estaban más equilibradas. No podía entender para qué tenía el cuerpo que tenía. Me rendí y hablé con Morgan Freeman: “Mira, wey, así está el pedo. Tú me dices qué se supone que haga con este traserote y esta celulitis, y al chile yo me rifo. Pero neta, ya estoy hasta el queso de sentirme insuficiente todo el tiempo. Lanza el plan y le chingamos juntos. Nomás que incluya comida, plis”. La verdad es que esta ‘rendición fue mucho más dramática, chorreando lágrimas y destilando frustración. Al siguiente día recibí tres correos electrónicos seguidos: una invitación para ser portada del suplemento ‘VIVAN LAS CURVAS’ de la Revista Veintitantos, una propuesta para trabajar con NIKE Women México y otra más de Aerie. Morgan, we have work to do. Mensaje recibido.

Creamos lo que creemos. Y aunque me ardan los dedos al escribir este clichezaso, TODO tiene un propósito mucho mayor que nosotros. Mi cuerpo, mi resistencia hacia él, incluso la ‘adicción’ con la que casi disfrutaba definirme, y finalmente mi rendición, me regalaron significado a través de la aceptación y el amor propio”.

VER MUCHO MÁS ALLÁ DEL FÍSICO. Crecí en un entorno familiar en el que los cumplidos se centraban (err… centran) en el aspecto físico: “¡Pero qué fina eres, Zazilita!”, “¡Ve esa piel de porcelana!”, “¡Esos ojos!”, ¡”Pareces extranjera!” (si… aparentemente ese también es un “cumplido” para algunos familiares y conductores de UBER), “¿Ya bajaste de peso, verdad? ¡Qué bella te ves! Bueno, siempre has sido preciosa, pero ahora más”, “Hijita, lo gorda se quita, lo fea no”. ¿Recuerdan la introducción de este post? A eso, entre otras cosas, me refería con que ser gorda estaba mal. Y podría seguir horas durante la mañana sintiendo tristeza y algo de vergüenza mientras escribo estas guapas frases que escucho desde que escucho. Con tan limitado campo de visión, en serio creía que mi cuerpo estaba aquí para satisfacer los ojos del mundo menos los míos. Peor aún, durante mi adolescencia llegué a creer que las personas valían más o menos por su aspecto físico y me aferraba estúpidamente a esa métrica para sentirme mejor conmigo misma aunque se sintiera podrido por dentro. Aprendí una valiosísima lección: debes aborrecerte profundamente para considerarte superior a alguien más con base en los rasgos físicos. Afortunadamente la incomodidad que estos pensamientos me causaban terminó por romper naturalmente con mis limitaciones y de pronto comencé a ver lo bello de cada persona, interna y externamente, porque comencé a ver todo lo bello de mí. Y por mucho, lo más bello no estaba fuera de mí. Somos un claro reflejo de lo que vemos en otros; comprender y trabajar en eso te da una libertad casi instantánea.

En definitiva, hay muchísimas cosas lindas que he aprendido a través del odio que alguna vez le tuve a mi cuerpo (a toda yo, en realidad), pero estas tres me parecen las más significativas por ahora. Otra de ellas es poder conectar con ustedes y hoy les muestro algo del resultado.

Les pedí vía Instagram Stories que me contaran en breve sobre lo bonito que les dejó odiar su cuerpo, y aquí incluyo 20 de sus respuestas (algunas están en fragmentos, porque recibí como 120 y hay ciertas repeticiones entre una y otra). Si tu mensaje no está entre estos, POR FAVOR, déjalo en los comentarios; nos encantará leerlo. Gracias por estar, apoyar, amar y compartir.

“¡Resistencia causa persistencia! Tu cuerpo es la creación de tu espacio. Y tu espacio es una galaxia de posibilidades”.

“Aprendí que no era mi cuerpo el que estaba mal, era mi mente que no entendía que ese cuerpo hacía cosas increíbles días a día. Desde ese día lo apapacho cada mañana y le doy gracias por dejarme sentir la vida en múltiples formas”.

“Lo bonito de odiar mi cuerpo es que desde que le di una oportunidad no ha dejado de sorprenderme; ha sobrevivido a pesar de mí…”

“Odiar a mi cuerpo me dejó conocerme a mí misma, reconectar, amar y cuidarlo. Pero sobre todo a valorarme, aprender que no necesito la aprobación de nadie más; sólo me necesito a mí”.

“Me dejó una confianza que no sabía que tenía…”

“No me tenía odio, más bien era disgusto… y lo que aprendí de todo esto, fue que puedo hacer lo que sea con mi cuerpo, bueno o malo, y al final sólo se dirige al quererte y saber que eres capaz de hacerte feliz”.

“Creo que de haber hecho a un lado la desidia y el miedo de atenderme a tiempo, pude evitar que me tuvieran que operar el tumor. Pero sólo así entendí que no tengo nada mejor que mi cuerpo, mi salud y mi vida. Ahora veo mi cicatriz, y también veo lo valiente y fuerte que fui y que sigo siendo”.

“Aprendí que tal vez no soy la fan #1 de mis piernas, pero que sin duda, agradezco a diario que estén”.

“Saber quiénes me aman íntegramente cuando yo no podía amarme a mí misma”.

“Que mi cuerpo es un templo y que nadie entra ahí si yo no quiero. Aprendí a ya no permitir que cualquiera entrara con tal de sentirme bonita”.

“Darme cuenta que de nada me sirvió obsesionarme tantos años…”

“Que si no lo cuido y le doy el valor que merece, nadie más lo hará por mí”.

“Aprendí que mi cuerpo es un santuario, y por lo tanto, lo respeto, lo alabo y le doy gracias”.

“Lo bonito que me dejó fue darme cuenta que siempre he sido hermosa, sólo me hacía falta creerlo”.

“Entendí que si no me amo a mí mismo, ¿cómo puedo transmitir amor a alguien más?”

“La neta sólo aprendí que debo amarlo”.

“Que aún hay personas (hombres, novio, pareja, etc.) a las que no les importa tu físico y te dicen lo linda que eres. Cuando me lo dicen todavía no lo puedo creer pero trabajo en eso”.

“Aprendí que la obsesión lastima física y emocionalmente; eso me ayudó a dejar de compararme”.

“Odiar mi cuerpo se volvió algo natural; lo normalicé completamente. Dejé de hacerlo hace relativamente poco. Toqué fondo pero afortunadamente estuve a tiempo. Gracias a que odié profundamente mi cuerpo, no hay nadie que logre herirme a través de él…”

“Aprendí a tomar acción y tener hábitos más saludables. Ahora soy constante haciendo ejercicio y busco nutrir y apapachar a mi cuerpo en lugar de contar calorías”.

Fotografía de Ale Cen. Dirección de Little Journal. Ropa de Aerie.

Comentarios

comentarios

5 comments

  1. Paola
    11 meses ago

    Después de ser “la niña gordita”, para ser la “rica” de la prepa, después de tres años con un ED, después de volver a subir esos 35 kilos…. me encontré a mí misma. A veces me digo “por qué arruinaste eso? Por qué subiste de peso?” Pero ahora sé que fue una prueba de Morgan Freeman para ponerme las pilas. Para amarme. Ahora uso bikini, algo que no hice cuando estaba “en mi peso ideal”. Odiar mi cuerpo y verlo fluctuar de maneras extremas me hizo encontrar el balance. Gracias por las palabras, Zazil, un abrazo<3

  2. Daniela
    11 meses ago

    Que bonito post! Me hizo recordar que odié mi cuerpo por muchos años y, aunque aún estoy trabajando en cuidarme y quererme mucho mucho, ahora me miro al espejo y me gusta lo que veo. Me di cuenta que las personas que realmente me quieren, no ven los “defectos” físicos en mi porque me quieren por quien soy, no por lo que es mi cuerpo o aspecto físico. No soy la “chica de revistas” pero me gusta la persona que soy con todo y los kilos de más 😊

  3. Laura Rodcort
    11 meses ago

    Leí tu post y estoy en lágrimas. Me vi reflejada en tus palabras y tan identificada que no me pude contener.
    Mi historia es similar a la tuya en muchas cosas pero sumémosle que a los 14 años cuando te empieza a gustar alguien de repente te bajan de tu nube por ser gorda y no lo suficiente aceptable para la sociedad. A los 23 me sigo mirando en el espejo y me sigue doliendo cada palabra que fue dicha a mi cuerpo como dagas en llamas pero te conocí a ti y a muchas chicas más que me “ayudaron” de cierta manera con mi vida. Duele, duele demasiado pero sé que es el principio de algo genial para mí y que cada paso que doy con firmeza ya no tiene que venir con arrepentimiento. Ahora ya no me ves caminando por la casa de ese chico con la cabeza en abajo, al final mis piernas gordas son las que me sostienen y que me llevan a cualquier lugar que quiera. Sea el paraíso o el infierno. Ambas me deben gustar.
    Gracias Zazil por ser un ejemplo no solo para mi si no para muchas chicas. Te admiro mujer!!!

  4. Emma Fernández
    11 meses ago

    Aprendí a querer,, amar, y cuidar mi cuerpo… El día que descubri que mis hijas a su corta edad (5 y10) empezaban a decirse, se te sale la longa…estoy muy morena, ya no me queda por que engorde; me prometí que atraves de mí ejemplo ellas deberan de aprender a amarse y cuidarse sin importar, si estan “flacas” “gordas” o”demasiado morenas” . gracias por el espacio zazil

  5. Cindy
    11 meses ago

    Muchas veces pensamos que somos solo nosotras con este tipo de pensamientos y en realidad no es así, somo muchas las que alguna vez pasamos por estas situación en las que punto que más se repite es que no está bien como estas. Me causa conflicto pensar en todo lo que yo creia que estaba mal en mi cuando era niña, adolescentes e inclusive ahora con 22 años. Me gusta mucho todo lo que compartes Zazil y gracias a eso ver testimonios de más personas que pasan por estas situaciones.

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